15 de noviembre de 2011

Soy feminista, … e impertinente.

No me acuerdo en qué momento alguien me llamo feminista por primera vez. A veces me lo llamaron con intención de descalificarme y otras de forma jocosa con sutiles variaciones. Al principio, es decir cuando empecé a vocalizar mis opiniones después de almacenar datos, vivencias y considerar que mi opinión era tan válida como otras, no sabía cómo reaccionar porque no sabía si era bueno o malo y si yo era eso. En algunas ocasiones, me defendía diciendo que no lo era, consciente de que eso no sería nada bueno para mi “popularidad”. Encontré una explicación a mi confusión al leer la cita de la escritora inglesa Rebeca West (1913): "No he podido descubrir exactamente qué es el feminismo: lo único que sé es que la gente me llama feminista cada vez que expreso opiniones que me diferencian de un felpudo".  

En una ocasión, después del habitual y a veces cansino debate “hombre/mujer” a la hora del café, un amigo me llamó feminista como último recurso dialéctico, le repliqué con un “Machista”. Aunque en sí la palabra feminista no es un insulto, el tono empleado rozaba lo ofensivo. Reconozco que la palabra machista tampoco es su opuesto, pero estoy segura de que él no conocía ese matiz.

Tal y como dice Nuria Varela, el feminismo es impertinente. La denuncia de la desigualdad sufrida por mujeres casi nunca viene al caso y hasta resulta molesta en la mayoría de las conversaciones. En el momento actual de crisis, nos pedirán un esfuerzo y paciencia (¿Qué son unos años más comparados con los siglos ya pasados?) y  nos sugerirán que no están las cosas para exigir el 30% de salario que nos deben.

No quiero dejar de ser impertinente, o “demasiado” feminista al reclamar la igualdad entre las mujeres y los hombres, porque sino dejaría de indignarme, o dicho de otro modo, no se me revolverían las tripas cuando viese desigualdad, hipocresía, violencia e injusticia de cualquier tipo, y dejaría de protestar contra ellas. Resulta difícil resistirse al desánimo ante la cantinela “Esto siempre ha sido así y las cosas no van a cambiar” repetida por algunas personas a modo de auto disculpa o, algunas veces, con afán de inducirnos a la resignación e inacción, pero sabemos que las cosas han cambiado y seguiremos cambiándolas.

Fdo. Cereza

Nota: Definiciones por la Real Academia de la Lengua:  
Feminismo.    1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.
2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.
Machismo. 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

¡Rebélate!

El año pasado, en 2010, Fecoma (Federación de Construcción y Madera) de CCOO lanzaba la campaña "Rebélate. Haz un gesto por la igualdad" una campaña a favor de las mujeres trabajadoras. Incorporaron vídeos sobre la desigualdad salarial, por la igualdad de oportunidades... una muy buena campaña, interactiva y, en aquel momento, novedosa.
Además, Fecoma, engloba sectores de producción y empleo altamente masculinizados en los que la presencia de mujeres es muy baja y, mayoritariamente, en tareas adminsitrativas y técnicas, así pues, aquella campaña fué muy halagüeña.
Hoy, en plena campaña electoral para las Elecciones Generales, IU tiene como mensaje de campaña un ¡Rebélate! que desde el principio me recordó a ésta. ¿Será que la fórmula es la correcta?
Rebelarse... me rebelo, nos rebelamos... Hemos de rebelarnos.
Pero es que, para mi, el "Rebélate" siempre irá unido a "Haz un gesto por la igualdad". No lo puedo evitar.
Y en estas campañas electorales se habla poco de igualdad, si acaso, para contar las mujeres que van en las candidaturas y también, lamentablemente, para resaltar lo bien que hacen las cosas las mujeres de la política que politiquean y cuidan de su familia y de sus hogares (¡Ay! eso dijo en el debate de la tele, medido hasta el milímetro, Mariano Rajoy que le traicionó el subconsciente y  Alfredo Pérez Rubalcaba que ni se inmutó, no lo pilló, por algo será).
Las políticas de igualdad se vislumbran en el horizonte muy lejanas, muy difuminadas, pero espero que, al igual que la utopía de Eduardo Galeano(*), al menos sirvan para caminar.
    (*)La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.
 Frambuesa                    

12 de noviembre de 2011

La desigualdad es el germen de la violencia machista

El 25 de noviembre, Día Internacional para la Erradicación de la Violencia de Género, está consiguiendo, poco a poco, convertir noviembre en el mes de la reivindicación de la igualdad de género; se va reconociendo paulatinamente que el origen de esta manifestación de violencia es la desigualdad entre mujeres y hombres, claro está, en perjuicio de las primeras. Tal y como expresa la periodista y experta en feminismo Nuria Varela, "se agrede a alguien que se considera inferior".

La violencia de género o violencia machista es un fenómeno que engloba diversas formas de violencia ejercida sobre las mujeres, en la familia y en la sociedad, solo y exclusivamente en función de su sexo, es decir, por el hecho de ser mujer.
Su causa es estructural  y radica en la histórica desigualdad en la distribución de poder entre hombres y mujeres que ha desembocado en un modelo de sociedad patriarcal basado en normas, valores y principios que sitúan a las mujeres en una posición de inferioridad.

Este grave problema ha sido invisibilizado sistemáticamente, situándolo en el ámbito privado y por lo tanto, ignorado como problema social. El movimiento feminista y la lucha de las mujeres han promovido, sobre todo en las últimas décadas, cambios muy significativos en cuanto a la sensibilización del problema a nivel mundial consiguiendo que se reconozca que el origen de la violencia contra las mujeres "trasciende lo privado" y se sustenta sobre una construcción cultural.
Su tratamiento legal en nuestro país también ha evolucionado en los últimos años, pasando de la práctica impunidad del agresor hasta las medidas de acción positiva en el ámbito penal contenidas en la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, ley de 2004 que, no obstante, solo es aplicalbe a la violencia que sufren las mujeres por parte de su pareja o ex pareja masculina.
Otra ley de 2007, la de Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, con su repercusión en reformas del Estatuto de los Trabajadores y en la elaboración del EBEP, rellenará algunas lagunas sobre violencia sexista en el ámbito laboral no recogidas en la Ley Integras, abordando la prevención y la penalización del Acoso Sexual  el Acoso por Razón de Sexo.

8 de noviembre de 2011

Por qué soy roja

Cuando K. Miller definió el concepto de “colonización interior” planteó que se trataba de la ideología más arraigada en nuestra cultura, plasmada en el concepto más elemental del poder: el dominio sexual, la opresión a través de los sesgos de género (androcentrismo y sexismo).    Dicho de otra manera, la conciencia colectiva de la sociedad interioriza los roles de género como verdades absolutas que, no sólo no se discuten, ni siquiera se cuestionan.
¿Y, cuál es el mecanismo utilizado en este proceso de colonización interior?   Un potente instrumento: la socialización diferencial, cuyo “marketing” consiste en el triunvirato (entendido claramente como gobierno de tres):

                      Modelos y normas. 
                      Refuerzos positivos y sanciones.
                      Estereotipos de género.

La socialización diferencial está presente a lo largo de toda la vida de  mujeres y hombres, posee dos momentos diferenciados, pero que se interconexión a lo largo de toda la vida:

. Primaria, desdel mismo momento del nacimiento, e incluso antes,  en el entorno familiar y      social próximo.
. Secundaria, en todo el proceso de socialización de las personas: enseñanza, instituciones, medios de comunicación,  entorno laboral,...
Para la supervivencia y extensión del sistema patriarcal el silencio de la mujer es imprescindible.   Mujeres sumisas, obedientes, sin criterio propio, por tanto, sin cualidades para ejercer labores públicas, quedando su papel relegado al ámbito familiar.  Si carecen de la capacidad de comunicarse, la alternativa es clara, deben obedecer y protegerse en el ámbito doméstico.   Se justifica la especialización de las tareas  productivas y reproductivas en función del sexo, se justifica la división sexual del trabajo.
Todo proceso de socialización va ligado a valores dados.    Estos valores constituyen el fundamento social, y en nuestra sociedad tienen nombre: androcentrismo (la medida de todo viene dada por el hombre) y sexismo (inferioridad de un sexo: la mujer).   El cuestionamiento de los fundamentos sociales también tiene nombre: movimiento feminista.
Xaro Menéndez Fernández


7 de noviembre de 2011

Carmen Marrón, siempre con nosotras.




Mujeres y compañeras como Carmen Marrón legitiman las palabras que nos definen cómo <clase obrera>, otorgando un merecido valor a la clase social más injustamente tratada, difamada y censurada, en una de las épocas que sin duda fue de las más difíciles de nuestra historia, -difícil para nuestra gente y nuestra tierra-. Hoy, 25 de noviembre, a solo un mes de tu partida, nace un proyecto basado en los ideales que heredamos de personas como tú; ideales, principios y valores que te mantendrán viva entre nosotras empezando por el respeto hacía toda la humanidad, la solidaridad libre de intereses personales y el valor que lleva a situarse en primera fila armada solo de indignación; Pasando por la humildad de aprender para enseñar y de escuchar para aportar, y acabando por aquello que te hace única, luchar sin vacilar para lograr la felicidad. Porque tu siempre lo decías: <he luchado todo lo que pude y eso es suficiente para sentirme bien>.

Carmen Marrón, con tu partida nos has dejado una historia que transmitir, un camino repleto de batallas que nos trasladan hacia la única meta necesaria de lograr y preservar: La LIBERTAD.

Gracias compañera, gracias.

Tomatito Cherry.

cambio de modelo productivo

CCOO incluso antes de la aparición de ésta crisis, la enésima crisis, propugnaba la necesidad de un cambio en el modelo productivo de nuestro país. Aparte de la crisis del sistema financiero que se veía venir, excepto los organismos bancarios que observaban impávidos el devenir del desastre, en España el motor económico se basa en bajos salarios y hasta hace poquito en el desarrollo urbanístico a lo loco y especula que no es poco.
Y nos damos el batacazo. No tanto como en Grecia, a quien se acusa de maquillar sus cuentas durante años (quien esté libre que tire el primer euro...) pero el aumento del desempleo y los recortes que nos están cayendo también duelen, y mucho.
El cambio es necesario. Nuestro sistema es inviable, insostenible e insolidario. Generador de pobreza y desigualdades, anestesias y amnesias colectivas (olvidamos o ignoramos que nuestro desarrollo lo es a costa de otros países y otros pueblos hundidos en miserias, hambres, guerras, esclavitud y no sigo...), de desastres ecológicos e infelicidad.  

Queremos que el cambio se dirija a modelos económicos sostenibles, comercio justo y protección social. Las mujeres, en ese modelo, probablemente obtengamos más beneficios que en éste, construído sobre los cimientos de la revolución industrial (allá por los inicios del siglo XIX) y que se mantiene a duras penas, en contiunas crisis y reconversiones, en el marco de la revolución tecnológica, las nuevas tecnologías que aportan valor añadido a los productos y bienes de consumo.
Y los países emergentes China, Brasil y otros nos han pegado un empujón y dejan a nuestras economías en fuera de juego. Y tenemos que hacer ese cambio. Ya. Nos lo exigen, además, nuestras futuras generaciones. Y sin dejar de luchar por lo nuestro, por mantener nuestras condiciones de vida en márgenes de dignidad mínimos, lo cual, hoy por hoy, está en discusión en las altas esferas económicas.
Eso si, la lucha euro/dolar sigue en su punto álgido y cobrándose sus piezas a la vez que extiende los conflictos armados (eso sí, en los países lejanos y musulmanes).
Frambuesa (hoy verde).