20 de septiembre de 2012

erase una vez...

Lisi era una niña que vivía en un lugar llamado Pola de Sal. Era una niña hermosa, de largos cabellos ondulados, sonrisa cándida, risa alegre y muy buena.
Cada día se levantaba temprano para hacer todas las tareas que tenía encomendadas y lo hacía con alegría y entrega. 
Lisi crecía feliz y aprendía rápido, era aplicada en sus estudios y era el orgullo de sus maestros e incluso el Duque de Terra Cera prodigaba loas y alabanzas sobre ella.
En Pola de Sal también sucedía que había muy pocas mujeres. Generación tras generación la natalidad de niñas era ínfimo, pero además, cuando Lisi nació, habían pasado más de 10 años sin que se hubiera producido nacimiento alguno y ella fué la única niña.
Pero el tiempo es imparable e indomable y aliado con la naturaleza, Lisi se fué convirtiendo en una hermosa mujer. Trabajadora y una de las mejores luchadoras que había en el pueblo, era amigable, inquieta y pasional, lo que despertaba la simpatía de la gente y algún que otro enamoramiento. Nunca desapareció su alegría, ni dejó de cumplir sus tareas con entrega y nunca dejó de aprender, tal vez por ello y porque nunca dudó de la confianza que su pueblo le hubo entregado, osó cuestionar las normas.
Lisi se preguntó y preguntó en voz alta por qué habría de obedecer sin rechistar y sin poder opinar o cuestionar la finalidad del cumplimiento de esos deberes impuestos. Y el Duque de Terra Cera lo oyó.
El Duque era un hombre autoritario, acostumbrado a que sus deseos se cumplieran. Iba rodeado de una corte de aduladores, fieles, acobardados y sumisos que lo aupaban y mantenían en su trono y se encargaban de que en Pola de Sal, e incluso en los territorios colindantes, los deseos del Duque de Terra Cera se cumplieran, así que, bajo los efectos de la ira y la rabia, el Duque de Terra Cera, reunió a su cónclave y  condenó a Lisi a muerte.
La noticia cayó como una bomba en Pola de Sal. La gente desconcertada fué enterándose de la noticia poco a poco, con cuenta gotas, pues la decisión la tomó el Duque en persona y lo comunicó a sus secuaces para llevar a cabo la ejecución. 
Un rumor de rebelión iba saliendo de los corazones de la gente, la condena era tan injusta que el Duque de Terra Cera tuvo que esforzarse a fondo para acallarlos. Amenazas a las familias, represión entre quienes aún tenían valor de contradecirle, jaurías de lobos adiestrados para amendrentar por los caminos y ante las casas... Al fin la oposición fué silenciada. Quienes querían a Lisi lloraban lágrimas de impotencia en la penumbra silenciosa de las casas, quienes no la conocían demasiado, sentían la rabia de una decisión injusta... y la frustración lo llenaba todo: el aire, la comida, la tierra... se filtraba entre las rendijas y todo el mundo mostraba un gesto serio, lleno de tristeza y decepción.
Y sucedió lo inesperado. 


Una tarde, Lord Nea entró en los calabozos del ducado y mandó abrir la celda de Lisi, la sacó de allí y se fueron juntos. Nadie puso objeción alguna, de sobra era reconocido como un fiel aliado del duque y uno de sus primeros espadas. 
Lord Nea, ante la injusticia que iba a cometerse con Lisi, decidió impedirlo. Habló en favor de Lisi, que su acción había sido valiente y fruto de la libertad que le habían inculcado y que siempre se dijo había que defender por encima de todas las cosas, pero finalmente decidió actuar por su cuenta ante la inflexible decisión del duque, plagada de soberbia y resentimiento que hacía oídos sordos a todas y cada una de las alegaciones. Lord Nea sabía bien las consecuencias que esa acción acarreaba: el Duque le condenaría por traición, probablemente a muerte. Y se cumpliría, del mismo modo que él mismo había ayudado a que se cumplieran otras condenas en otras ocasiones. Y huyeron. 
Lord Nea y Lisi encontraron refugio en el castillo vecino, propiedad de la poderosa familia Fexa, conocida por su abierta enemistad con el duque, y aunque antaño se hubieran enfrentado en algunas contiendas, les ofrecieron protección y alianza para intentar desposeer al duque de su poder y acabar, de una vez por todas, de la nefasta influencia que ejercía sobre todo el territorio.
Pero el destino es tenaz y  cuando todo el tiempo y la energía se dirigen a hacer trampas, la suerte vuelve la espalda y así, un buen día el Duque de Terra Cera logra inflingir una grave estocada a Lord Nea dejándole malherido y consigue recuperar a su prisionera.
Lisi  no se dejó coger así como así. Había aprendido a luchar y ofreció resistencia. El duelo estaba servido y había mucha gente mirando, muchos ojos observando, muchos oídos escuchando, muchos puños apretados... y el Duque de Terra Cera retrocedió, no era bueno aparecer ante tanta gente como lo que era, un déspota resentido, envilecido y cruel, así, tras proclamar a los cuatro vientos que Lisi era buscada por traición, fuga y asociación ilícita, aseguró que tendría un juicio justo. Lo suficiente, lo mínimo para que algunos ojos y algunas orejas siguieran durmiendo con alivio el sueño complacido de las hipnóticas palabras: juicio justo. Y hubo quien, además, le creyó.
Y hoy, Lisi, está a la espera de un juicio sumarísimo en el que algunos habitantes de Pola de Sal, serán el jurado que emita la sentencia. Habitantes que temen la ira del duque, que solo pueden esperar venganza si contradicen lo ya prejuzgado por él... habitantes que han aprendido a obedecer sin preguntas. En el ducado del Duque de Terra Cera, la valentía es un valor escaso aunque por ello más notable.
Las damas Fexa defienden a Lisi. Generosas, han luchado con ella con la dignidad por bandera y la verdad como única arma, sin que importara que ella perteneciera a un pueblo históricamente hostil. Saben que las mujeres en Pola de Sal son pocas y valiosas y no pueden permitir que desaparezcan al capricho de un dictadorzuelo capaz de todo por mantener su dominio y control.
Lord Nea se recupera de su herida en su refugio del castillo y junto a la familia Fexa, en una alianza sin precedentes, están organizando su propia resistencia ante los desmanes del Duque de Terra Cera, con el único propósito de restaurar la libertad y liberar a los pueblos de toda la comarca de la tiranía que uno sólo de sus gobernantes, ha conseguido implantar, con la complacencia  o el silencio del resto.
                                                                         Erase una vez.... Frambuesa.

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